El arte es y será por siempre patrimonio de la humanidad, tan libre y popular como el vuelo de una paloma.
El A.V.P será dialéctico, atrevido, crítico, sobretodo con el arte mismo.
El A.V.P exaltará los valores progresistas de la sociedad, nunca la decadencia humana.
El A.V.P inundará las casas, las calles, los colegios, los parques, los puentes; mas no el cielo, el árbol o el río, pues son, para el A.V.P, sagrados.
El A.V.P estará al tanto de la realidad, del acontecer político, económico, social, la enajenante bohemia y al elitismo apático y pusilánime.
El A.V.P trascenderá los regionalismos y los folclorismos; será un arte universal desde las posibilidades del pueblo que lo gesta.
Desde ahora y para siempre, los artistas del A.V.P estaremos dispuestos a dar solución, de una manera práctica pero ante todo estética, a los problemas de la sociedad.
Los conceptos de valoración del A.V.P irán más allá de las vagas palabras como "bonito" o "feo", siendo éstas reemplazadas por términos como profundidad, volumen, luz, tema, perspectiva, opacidad, rigidez, stacatto, armonía, crecendo, contraste, y demás palabras que nos acerquen de una manera más objetiva a la apreciación del arte.
Sin duda, lo más importante en el A.V.P serán las ideas que las obras planteen, siendo lo más virtuoso la exposición clara de ideas y al mismo tiempo estética.
Los artistas del A.V.P hacemos un pacto indisoluble con la vida, la historia, el desarrollo social, la educación, la naturaleza y la ciencia.