Monólogo
Ahora debe faltar como una hora y media para que yo cumpla 25 años. Eso técnicamente es un cuarto de siglo. Pero si lo queremos ver más dramáticamente, podríamos decir que estoy llegando al primer tercio de mi vida. También podría sacar los típicos cálculos curiosos, como que he vivido 9.125 días, 219.000 horas, 13.140.000 segundos, y que por lo tanto mi corazón ha latido como unas 10.107.692 veces hasta el momento en el que escribo estas líneas. A los humanos nos gustan las cifras: creemos que nos hacen ver las cosas como realmente son. Por lo menos en la mayoría de las veces. Pero no siempre. Por ejemplo, hay cosas de estos veinticinco años de mi vida que los números no saben contar. paradójico ¿no? Los números no saben contar. ¡ja! Ni yo lo entiendo.
Ahora debe faltar una hora y ocho minutos para que yo cumpla veinticinco años. Escribo lento. Borro muchas de las cosas que escribo. Por ejemplo, la frase anterior la había borrado, pero me arrepentí. por que quería decir que: para saber escribir hay que saber borrar. ¡Pero qué me pasa! Un signo prematuro de vejez. estaba hablando de otra cosa, ¿no es así?
Suena el teléfono. Ahora faltan cincuenta minutos para mi cumpleaños. Guardo la esperanza de que seas tú. Contesto, nadie habla y luego el teléfono me dice -"tuuuuuuu"- como acusándome. -¿Yo qué?- le respondo. Él no sabe decir otra cosa. Lo amenazo; le digo que no siga de insolente, que recuerde que está financiado y que si este mes no lo pago, lo vuelven a cortar.
Faltan ahora 35 minutos para mi cumpleaños, y prometo que es la última vez que diré eso; éste monólogo ya se vuelve patético. Bueno, dentro de treinta minutos podré decir que "tengo veinticinco años". Qué curioso es nuestro lenguaje; decir uno que tiene lo que ya no tiene, decir uno que tiene lo que ya pasó. Creo que hay un error ahí. ¿No sería más lógico pensar que los años que uno tiene son los que vienen por vivir? Eso sería mejor, por que así, uno no tendría una edad exacta, si no una edad aproximada. Entonces yo diría. -tengo, aproximadamente 50 años-.
A uno le celebran el día del cumpleaños. También es curioso. Insisto que a uno le deberían celebrar el no cumpleaños, y así la vida sería una completa fiesta. Pero sé que eso es bastante pedir. Muchos pensarían que no me lo merezco, por eso debo mejor callarme y conformarme con una fiesta anual. En realidad ¡Qué más puedo pedir!
A uno lo felicitan en su cumpleaños. Curioso también. Insisto que debería ser uno el que felicite a su familia y a sus amigos por soportarlo a uno tanto tiempo y tener, además la generosidad de compartir ese día o noche, un pastel y regalos.
Por eso hoy quiero cambiar el ritual cumpleañero, que está más viejo que yo. Además esa cancioncita mediocre ya me sabe a cacho. Ahora, que el reloj indica que hace veinticinco años nací, quiero decirle a la gente que me quiere que yo también les quiero y que tengan hoy un ¡ feliz no cumpleaños! |