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La nueva escuela

"Educar es depositar en cada hombre toda la obra humana que le ha antecedido: es hacer a cada hombre resumen del mundo viviente hasta el día en que vive; es ponerlo al nivel de su tiempo, para que flote sobre él y no dejarlo debajo de su tiempo; es preparar al hombre para la vida".

José Martí Pérez

Comprendo ahora: educar es preparar al hombre para la vida y es la vida misma. Es encontrar en cada momento la posibilidad de aprender; es asumir la responsabilidad en cada uno de nuestros actos, pues el ejemplo enseña. Que no exista una acción humana que no se asuma con coraje, con responsabilidad educativa; desde la cátedra magistral hasta el gesto por la mañana al vecino, desde la palabra hasta la acción, desde la sonrisa amable hasta el reclamo por lo injusto, desde votar en las elecciones de marzo hasta la dignísima abstención electoral. Necesitamos un hombre consciente de que hasta el acto más ínfimo de su vida tendrá repercusiones en la Humanidad, y esto gracias al fenómeno educativo.

Entender el problema educativo no como un asunto de las instituciones universitarias, de colegios, de rectores ni del ministerio de educación, sino como una cuestión de todos, es decir, como un asunto de la Humanidad, es comprendernos maestros y aprendices .

Pero para esto hay que tener valentía , la misma que a los hombres nos ha faltado. Hemos dejado toda la responsabilidad educativa a las instituciones, tal vez porque es más fácil y menos comprometedor: es preferible delegar la función, que revisarnos con honestidad para ver qué tan maestros somos todos y qué tanto aportamos.

De este abandono de la responsabilidad educativa por parte de la sociedad, se puede deducir la enorme tarea que tiene la educación formal institucional y, en especial, los maestros.

Colombia exige la presencia de maestros que fecunden nuestra fértil juventud. Necesitamos más maestros y menos soldados . Que los campos se inunden de maestros con una flor, un lápiz y un libro para los niños, que le entreguen en cada palabra la posibilidad de entender el mundo, pero a través de conclusiones propias.

Los invito a soñar la escuela nueva...

...La escuela nueva tendrá por paredes las montañas andinas, por pupitre el césped acolchonado, por tablero un cielo azul. Los cursos serán máximo de diez niños, el maestro no tendrá menos de cincuenta años, pero tendrá su alma veinticinco.

El maestro dialoga por la montaña con sus discípulos descalzos. ¡Silencio! Ahora están en clase de Botánica; sin arrancar la flor, el maestro la enseña y los niños aprenden su nombre en latín, pero también en el criollo lenguaje de Arsenio, el jardinero.

El descubrimiento de raíces comestibles, a las once del día, les recuerda que es hora de almuerzo. Y preparan la comida en una cocina improvisada. Allí, preparando el alimento, descubrieron el punto de ebullición, la mezcla, las soluciones, las sales minerales, y el concepto del calor. La clase de Química ha finalizado con un delicioso almuerzo.

Es hora de bajar al pueblo, donde comprarán frutas para llevar a casa. En la compra, Santiaguito descubre para qué sirve multiplicar y Ana le resta el valor de su manzana a su moneda para saber cuánto serán sus vueltos. Creo que esta cátedra de Matemática sí va a alimentar bien. Y un verso de un viejo romance de juglar paisa y luego otro de trovador francés vuelan desde la boca del maestro hasta los oídos atentos de los niños que comprendieron que la clase de Literatura había comenzado.

Al entrar en la fábrica de vidrio, propiedad del Estado, advierte el maestro a los niños que verán magia, pero magia de verdad, donde la arena se convierte en botella, donde un hombre llena de su ser un líquido que al instante se cristaliza.

La noche cae y es el momento ideal para la enseñanza de la Astronomía. Pero el maestro está ya cansado y los niños lo llevan hasta su casa donde tiene una gran biblioteca. Las mágicas historias atraen a los rapaces que hábilmente sustraen libros del despistado tutor.

Todos parten hacia sus casas preguntándose ¿y mañana de qué será la clase?, ¿de Geografía o Mecánica?, ¿de Filosofía o Caligrafía?

Al otro día, como acto cívico, asisten a la graduación de los alumnos más avanzados que, sin togas ni birretes, ni nada que cubra sus bellos cuerpos juveniles, se lanzan al río llorando y cantando...

 

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