Una nueva canción

"Todos tenemos una tradición,
que la cuidamos y defendemos;
pero los hombres también podemos
inventar una nueva canción".

Tradición

Cuando nace una nueva canción, ésta debería ser recibida por todos hombres con alegría y entusiasmo, con atención y respeto. Debería tener también todo el ritual y expectativa que tiene, en algunos casos, el nacimiento de un nuevo hombre. Tendría que haber toda esa ansiedad que produce la llegada de un ilustre mandatario o el lanzamiento de una nueva marca de ropa interior. El compositor debería ser felicitado (por lo menos) como a una exhausta madre parturienta. Debería ser motivo de fiesta y regocijo, pues una nueva canción es una planta tierna en el extenso cultivo humano: la cultura .

Sin embargo, en Colombia, nuestra cultura posee una tendencia a rechazar las canciones nuevas. Pero este no es un problema del artista de la maquinaria comercial. Para ellos es muy fácil. Sólo basta con regalar unos cuantos discos a los muchachos de la emisora y pactar con el dueño un porcentaje por las ventas y ya. La canción suena siete veces al día, cuarenta y nueve veces a la semana y tras ciento noventa y seis repeticiones al mes todo el mundo se la aprendió. El efecto de resistencia a la nueva canción se neutraliza. Cuando el cantante la estrena en vivo todos repiten, como si siempre la hubieran sabido, el estribillo, mientras bailan y saltan.

El trovador, el cantautor valiente e independiente de los mercaderes de la música, que lanza sus canciones al viento con la esperanza que llegue a algún oído sensible, generalmente se encuentra con un público frío, apático y prevenido. Tras cantar dos canciones nuevas alguien del público enmudecido se para y, en el mejor de los casos, le dice: -¿no te sabes la maza?- Como quien dice: -Cállate y toca algo que nos sepamos- . Eso es verdaderamente un acto absurdo y grosero. Es como si a Chico Buarque le dijéramos: -¿Oye Chico, porqué no te tocas mejor una de Pablo Milanés.?-.

¿Porqué a la nueva canción se le tiene tanta resistencia? Bueno, hay que decir que una nueva canción reta al auditorio a entender, trabajo mental que muy pocos asumen. Entonces la nueva canción genera una especie de incertidumbre hacia lo desconocido. Nuestros auditorios prefieren las canciones que ya han aprendido por el efecto de la repetición y recordación en los medios, para sentirse seguros. Bueno, este también puede ser un profundo miedo humano a lo desconocido. "Mejor tomar siempre la ruta de bus que siempre hemos tomado. La otra nos podría llevar a un mal barrio".

La música de mercado está concebida para no generar ningún tipo de incertidumbre, pues perdería su encanto comercial. La música comercial es predecible en su aspecto lírico y armónico. Ya casi podemos adivinar el próximo acorde, la próxima palabra. Un ejemplo claro de lo que es música comercial y no, nos lo ofrece Christian Castro y Pedro Guerra. Dice Christian (o su compositor) "Por que nuestro amor es azul como el mar, azul" y responde Pedro: "Por eso tus labios son verdes, con sabor a nube y recuerdos de nieve" En la primera canción, comercial, ya podíamos predecir venir un bello mar obviamente azul. En la segunda, el rojo esperado se convierte en un imprevisto verde. Eso es muy inseguro.

Esa es la diferencia entre la música comercial y la música no comercial. La diferencia no radica necesariamente en que se comercialice o no, pues existe mucha música no comercial distribuida, incluso, por los grandes emporios de la música. Sin embargo la disposición de los medios para la divulgación masiva de la música no comercial, no es la esperada. Menos cuando se trata de un cantor joven con canciones nuevas no comerciales. Entonces la nueva canción del trovador muere finalmente en el anonimato y en la indiferencia de los auditorios y promotores de la cultura, que prefieren seguir mercadeando con un folclorismo trasnochado y falso. Parece como si en nuestro país la música sirviese solo para tres cosas: mover los pies, emborracharse y entretener mientras se espera en el teléfono o se come.

¿Pero cuándo una canción es nueva? Podemos partir de la siguiente idea: una canción no es nueva por el simple esnobismo de lo inédito. Es decir, una canción no es nueva por que nunca antes se hubiese escuchado. Esa, la novedad, es solo una de las condiciones que debe tener. Una canción solamente es nueva cuando es revolucionaria . Y que no tiemblen los que creen que porque se cayó el Muro esta palabra pasó de moda. Y cuando digo revolucionario no hablo necesariamente de un arte comunista; revolucionario es lo que mejora y eleva la evolución social del hombre.

La nueva canción como el arte en general debe ser revolucionaria. Si el arte no tiene este carácter esencial, se trata solamente de un esteticismo tedioso, testaferro del comercio y la desilusión. La nueva canción es revolucionaria por que mueve las ideas, pues es expresión de la dialéctica del ingenio humano. La nueva canción pone en movimiento lo supuestamente estático, lo revalúa, lo critica, pero, ante todo defiende los valores positivos. La nueva canción cuestiona la realidad de nuestro entorno. La nueva canción debe tener un discurso interesante aunque sea sencillo.

Aunque el reencauche de canciones de antaño se hubiese constituido en un boom comercial, las viejas canciones deben abrir paso a las nuevas, así como los hombres de ahora deberemos morir para no robar el precioso aire que necesitaran los hombres por venir. Eso es lo más sabio. Lo contrario el reencauche y la oposición a la nueva música es un peligro histórico y evolutivo. Si preguntamos a nuestros abuelos ellos dirán que la música de su época fue la de Pacho Galán, José Alejandro Morales, Rafael Escalona y Guillermo Buitrago. Nuestros padres pensaran en Óscar Golden, Ana y Jaime y Pablus Gallinazus. Y si nos preguntamos cuál es nuestra música.Alquimia con los clásicos de 40 años atrás de la Sonora, los 50 de Joselito con la música de Guillermo Buitrago de 1950, Los Trío cantando los éxitos de los Panchos, Charlie Zaa cantando a Jaramillo. Y ¿Dónde esta nuestra producción? ¿Cuál fue la producción musical de los 80´s en Colombia?

Es una vergüenza histórica con las próximas generaciones. Y los espacios para la nueva canción no se abren. Nuestro anquilosado pueblo duerme, sigue durmiendo añorando el somnífero estribillo que aprendió y teme olvidar.

 

 


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